EMMA



Tejemos nuestros días con débiles y delgados hilos de sueños, amores y esperanzas. Sin embargo, no pocas noches, una ingobernable Penélope –vestida con los más variopintos disfraces- se ocupa de ir deshilachando la madeja de nuestras tenues aspiraciones.
Este castigo –como si de un moderno Sísifo arrojado a los mercados se tratara-, sin embargo, no resulta hábil por sí solo para derrotarnos. Nuevas causas, inciertos azares y viejas luchas son las agujas con las que entrelazar los finos hilos de nuestra existencia.
Hace apenas un mes, nació mi hija. No sé si internet tiene suficiente espacio para albergar las palabras, las miradas y las emociones que han ido creciendo junto a mi pequeña, por eso ni lo intento en este momento y me conformo con asumir el compromiso de no rendirme en el arduo y loco afán de, rompiendo las infames barreras que cierran el paso hacia la utopía, tratar de entregarle a Emma ese otro mundo posible que a cada instante se hace tanto más necesario, pero sobre todo, regalarle el mapa de ese mismo y lejano nolugar que habita en cualquier sitio, para que también ella se esfuerce y comprometa,  entrelazando su mano con la de los demás, a seguir buscando.
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