TÁCTICA Y ESTRATEGIA

 

 

Confieso que fruto de una mezcla de deformación profesional y de perplejidad por la exagerada acusación del Ministerio Fiscal o la Abogacía del Estado -respecto de la acusación ejercida por VOX, me acojo a mi derecho a no declarar- siento cierta simpatía por las defensas en el Juicio del Procés.

Sin embargo y aún a pesar de la esforzada labor que los letrados despliegan en cada sesión de la vista, reconozco que me ha decepcionado no encontrarme con algún ejemplo radical de lo que Jacques Vergès (nacido precisamente un 5 de marzo y conocido como el abogado del terror) definió como “estrategia de ruptura”, es decir, una defensa en la que los hechos pasan a un segundo plano, y donde adquieren un principal protagonismo la impugnación total del orden público, la subversión de la ley o la negativa tajante a reconocer la legitimidad de las normas y de los llamados a aplicarlas, dinamitando cualquier posibilidad de diálogo entre el reo y el juez.

Aunque no se puede negar que se han escuchado en la sala del Tribunal Supremo tanto recurrentes alegatos propagandísticos como manidas quejas de los políticos (indebidamente) presos, sin embargo, unas y otras -que, para su mayor derrota, han quedado diluidas por la emergente estrella televisiva en que se está convirtiendo el Magistrado Marchena– se antojan más como la retórica propia de una escenografía de circunstancias que como la sincera voluntad de romper con las reglas del juego procesal, limitándose por tanto la defensa de los acusados a una mucho más prosaica “estrategia de connivencia” que, en definitiva, pasa por el respeto y cumplimiento del orden establecido, de las normas fijadas o del derecho positivo vigente.

Utilizando la poética distinción de Benedetti, asistimos a una estrategia de connivencia envuelta, para la galería, en puntuales tácticas de ruptura.

Táctica y estrategia.

Subversión procesal de boquilla.

 

 

Columna leída en HOY POR HOY CÓRDOBA (CADENA SER) el 5/3/19.

 

 

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